|
EL MINISTERIO DEL APÓSTOL JUAN EN SU MADUREZ |
Semana 24 --- El ministerio epistolar de Juan (2) |
Miércoles --- Leer con oración: Ap 2:10; 3:7-10 |
“He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Ap 3:11)
Ayer vimos un poco sobre las siete iglesias mencionadas en los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis, que representan la situación de la iglesia a lo largo de las eras. Los hermanos de Éfeso, la iglesia cuyo nombre significa deseable, después de recibir la ayuda del apóstol Juan, según veremos en los próximos días, comenzaron a invocar el nombre del Señor y a tomar Su Palabra con oración. Esta práctica también fue mantenida por la iglesia en Esmirna, la iglesia que sufrió la persecución del imperio romano. Pero la iglesia en Pérgamo comenzó su proceso de degradación, que se profundizó en la época de Tiatira.
La iglesia en Sardis comenzó con la restauración, pero no la concluyó, dando origen a varios tipos de grupos cristianos: los que analizan la Palabra en la mente, aquellos que viven en sus emociones y dan un énfasis excesivo a las manifestaciones sobrenaturales y los que viven en su voluntad obstinada y orgullosa, no recibiendo ayuda de nadie, como los de Laodicea.
Pero alabado sea el Señor por la iglesia en Filadelfia, la iglesia donde hay amor fraternal entre los hermanos. Ellos restauraron la práctica de invocar el nombre del Señor y de leer y orar Su Palabra (Ap 3:8). Sin embargo, sufrieron la oposición de otros y por eso, el Señor les declaró: “He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado” (v. 9). Probablemente eran una minoría, tenían poca fuerza y fueron expulsados de Sardis, pero el Señor los amaba, pues estaban en el camino correcto, practicando la palabra y viviendo en el espíritu.
Puesto que los hermanos de Filadelfia invocaban el nombre del Señor y leían la Palabra con oración, estaban en el espíritu, y así recibían el Espíritu y la vida. Por el hecho de estar en la vida, expresaban el amor entre los hermanos, el amor fraternal. Por eso Dios les dio una comisión especial: conservar la corona de la vida, la misma corona que la iglesia en Esmirna había recibido (v. 11; cfr. 2:10). Asimismo, Filadelfia tenía la llave de David, es decir, la llave del reino (3:7). Aunque los de filadelfia sufrían oposición, permanecían en el Espíritu y en la vida.
Obtener vida y retener la corona.
¿Cuál es la importancia de invocar el nombre del Señor y de leer-orar la Palabra para mantener la condición normal de la iglesia?